Lector afanoso. Escribidor. Soñador hiperactivo. Bohemio de raza. Trovador. Subversivo de arraigo. Idealista patológico. Agitador de conciencias. Librepensador...
martes, 24 de mayo de 2011
A Bob Dylan en su cumpleaños 70:
martes, 5 de abril de 2011
Manejando el Estrés © (Primera Parte)
Las eternas obligaciones que por fortuna se acumulan para beneplácito de la economía y el apetito, esta vez, me exigen visitar una colonia que se ubica por allá por la zona norte de la ciudad. El tramo es exagerado para lo cotidiano, lo que significa que seguramente estaré fuera por varias horas del terruño que con frecuencia me ve deambular. Por momentos la apatía se adueña del cuerpo, pero la responsabilidad sale a flote —no sé de dónde— como un mecanismo de defensa para la amargura, o tal vez, como un consuelo estúpido de esos que abundan en México. Al final de las odiosas cuentas, se tiene que llevar a cabo el extenso traslado, y aunque la pereza se encuentra muy por encima del sentido del compromiso, la resignación termina por decidir el porvenir. Me decido, entonces, para llevar a cabo mi empresa y enseguida apechugo meditando:
Para muchos pobladores de esta hermosa y caótica ciudad, el hecho de dirigirse a lugares retirados del rumbo habitual podría provocar desánimo —y me incluyo—, pero cuando dejamos de lado los pucheros y enfrentamos el infeliz hecho con espíritu aventurero, la travesía, por muy tempestuosa que esta pudiera llegar a ser, nos podría dejar una gran enseñanza para la experiencia y una lección invaluable para lo que queda de la paciencia. La constante negación a realizar grandes travesías en el Distrito Federal puede ser debido a que los tiempos de trayecto dejaron de ser calculables desde hace muchos años. La densidad de población, el constante incremento del parque vehicular, así como la creciente incultura vial han provocado que las “horas pico” dejaran de existir como tal para convertirse en un cúmulo de tiempo medible en horas semáforo, horas marcha u horas Obra Pública. Otro dato que hace más simpático el circular por la selva de asfalto es que en algún tiempo sabías perfectamente los horarios en que el tráfico comenzaba a alborotarse, así como las rutas alternas para evitar los horrorosos congestionamientos viales, y hoy en día, “La Hora Pico” dura lo que el ciclo solar y las vías alternas o rápidas han sido incluidas en el compendio de leyendas urbanas de nuestra cultura popular, por lo que el sufrir de embotellamientos en las calles y avenidas de esta conflictiva comarca es casi inevitable.
Aunque para muchos la Ciudad de México es intolerable, algunos audaces hemos aprendido a vivir con los inconvenientes que a diario suceden en las grandes orbes, con el exceso de vehículos públicos y particulares en las calles y con las saturadas vialidades capitalinas. Si pudiera existir un lado bueno del caos metropolitano sería que el tráfico te puede proveer de tiempo para hacer nuevos amigos de los conductores que comparten tu desgracia o de descubrir, si es que tienes la suerte o la iniciativa, las maravillas que muchas veces se ven opacadas por las inclemencias que trae consigo la urbanización descontrolada.
Hay aspectos que no cambian, y no porque sean necedades, sino porque son de gran ayuda para evitar la fatiga y echarle la mano a la relajación: El que es sureño se desenvuelve, por lo general, cerca de esa zona, y el que vive en el norte hace lo propio con el propósito de evitar esos aburridos y tediosos trayectos de los que hay tantos en la Zona Metropolitana. Pero existe un lado amable al recorrer la ciudad, y es que durante esa cotidiana acción, algunas veces, llegas a toparte con lugares que tal vez ni en un millón de años visitarías por iniciativa propia, pero que valen mucho la pena conocer, y aunque perderse en esta inmensa ciudad puede ser dificultoso, también puede resultar informativo y bastante ameno.
Algunos de los trabajos que he realizado en mi vida me han requerido el recorrer gran parte de la extensión de esta enorme localidad, así como un tanto del interior de la República. Puedo presumir, en kilometraje, que he recorrido casi desde Topilejo a Tepotzotlan y prácticamente de la salida a Toluca a la de Puebla conociendo varios de los sitios importantes de la metrópoli, así como recovecos pintorescos de esta gran orbe que gente que me dobla la edad no tiene ni la menor idea que pueden existir.
En lo personal, me considero uno de esos ruleteros de corazón que rara es la ocasión en que se llegan a perder, ya que el constante trajín me ha provisto de la orientación necesaria para reconocer casi cualquier latitud en donde me encuentro, y los constantes recorridos me han facilitado de las herramientas viales adecuadas para encontrar siempre el camino correcto. Aunque no puedo decir que conozco a la perfección el plano de la ciudad, soy de esos andariegos orientados que logran salir avante de casi cualquier percance citadino y de esos raros peregrinos que saben llegar a su destino, en casi cualquier medio y prácticamente en cualquier punto de las diez y seis Delegaciones y Municipios conurbados. Y no es que su servidor sea superdotado, es que para ser orientado solamente se necesita ser un poco observador y tener “buen diente”. La memoria tiene mucho que ver con nuestros gustos y preferencias, si algo es de tu agrado se queda en tu mente instantáneamente, por lo que si recuerdas, por ejemplo, la casa de aquella encantadora fémina que tanto visitabas es casi imposible no saber regresar a ese rumbo; si te divertías como enano en algún parque o en alguna casa que solías acudir, es difícil olvidar sus paraderos; si solías jugar o vagabundear por aquellos parques llenos de árboles y estatuas de gente desconocida para ese entonces, estos se convierten en una excelente guía en la actualidad; y si eres de los que se detienen a comer en casi cualquier lado, rara será la ocasión en que te sientas perdido o hambriento en este enorme territorio.
Los monumentos históricos, las cantinas y las taquerías son de lo que más común en esta atractiva ciudad, así es que si conoces una buena parte de estos típicos puntos de referencia, por más que sea inmensa La Capital, será difícil extraviarse del todo. Dudo que haya alguien que conozca todos y cada uno de estos sitios, pero si hay alguien que se acerca a ese espinoso título, sin duda es mi abuelo, a quién le tengo que agradecer mi amaestrado paladar para comer prácticamente lo que sea que me pongan enfrente y el poder haber conocido cuanta taquería y cantina aparece en el Mapa Político de la Ciudad de México. Por todo lo anterior, si algún día circulan por algún sitio desconocido para ustedes, con toda la confianza pueden marcarme y encantado les aconsejaré cómo salir de su infortunio y en donde pueden detenerse a mover el bigote.
Consejo útil para el que decide merodear por esta culinaria patria: Si se sienten perdidos en alguna zona de la ciudad, acérquense a la taquería o comedor que presente la mayor concentración de personas; la mayoría de las veces la cantidad de comensales es directamente proporcional a la calidad del taco, y de entre la degustadora multitud, casi siempre aparece un taxista bienintencionado quien te puede guiar a tu destino.
El alma de chafirete lo heredé de ambos lados de la sangre, ya que tengo un progenitor que sabe a la perfección salto y seña de la Guía Roji y una abuela materna que parece que la diseñó, por lo que desde infante aprendí a conocer la ciudad y sus enredosas vías de comunicación. Desde que era un mozalbete solía acompañar a mi padre a cualquier lado que su oficio lo llevaba —que por lo general era hasta casa del demonio—, y desde muy niño, acompañaba a mi abuela por varios puntos del D.F. y Área Metropolitana todas esas incontables veces en que mi amada antecesora tenía que adquirir algo para la casa — que por lo general era algo bastante extraño y se encontraba en lugares demasiado estrafalarios— o cuando la bisabuela quería salir a dar un paseo por las complicadas calles que conforman la red vial, por lo que el andar por la ciudad es tan común para mí como el respirar para todos los demás. Recuerdo que alcanzando apenas la adolescencia, y sin edad propia para manejar, un gran amigo y este andarín nos aventurábamos, con el método de transporte que estuviera a nuestro alcance, desde el bello Coyoacán hasta la extravagante Zona Rosa —que en aquella época era como viajar de Chetumal a Tijuana — con el pretexto de conseguir los discos de nuestros grupos preferidos, pudiendo ir perfectamente a un centro comercial más cercano a nuestra ubicación. En aquellos ingenuos días pensábamos que sólo en aquella tienda de discos que se encontraba en esa zona hallaríamos las cosas novedosas y raras que tanto llamaban nuestra musical atención, pero creo que también influía algo el hecho de ser “Pata de Perro”. Otras veces, y en compañía de amigos adoradores del merodeo, emprendíamos traslados en bicicleta hasta la recóndita Colonia Condesa para visitar a conocidos a quienes pudiéramos atosigar o a alguna que otra niña guapa a la cual pudiéramos acosar. Alguna osada ocasión nuestra ociosidad nos llevó hasta el remoto Centro Histórico, cosa que fue muy recreativa, ya que descubrimos varios lugares desconocidos y una línea del Sistema de Transporte Colectivo “Metro” que recorría la ciudad de sur a norte por la superficie. Las extremas idas de pinta eras más disfrutables cuanto más lejano fuera el destino para haraganear y el corazón palpitaba mejor al tener que regresar a casa batiendo todo tipo de marcas para evitar levantar cualquier sospecha que nos pudiera delatar. Prácticamente era cosa de todos los días el deambular por las distintas colonias que conforman el Distrito Federal, y por lo general, el método utilizado para tan gustosa actividad era el de “a pincel”, y aunque algunos de mis pequeños amigos potentados contaban con un chofer a su disposición, estos preferían aventurarse, como la vida se los daba a entender, con este vago servidor quien desde la Escuela Primaria ya tenía los arrestos para ¡regresarse solo a su casa! —En esos inmaduros tiempos, el cruzar caminando el Centro de Coyoacán para llegar en menos de diez minutos al hogar era motivo de respeto y admiración para los de edad temprana—. Cuando llegó la época de tener permiso para conducir, o en su defecto para robarse el coche, fue cuando de verdad la familia no veía ni una partícula de nuestro polvo. El conocer por fin el reglamento de tránsito y el contar con un motor para los traslados, hacían de la vagancia algo más allá de lo deleitable. Los malabares en los transportes públicos, el dolor de pies, y los largos y riesgosos trayectos en bicicleta —algunas veces iban trepados más de dos en el velocípedo—, en ese momento eran cosa del pasado, lo que ayudó en gran parte para conocer más lugares exóticos e incrementar nuestro nivel de holgazanería. Hubo experiencias malas, claro que las hubo, pero en la gran mayoría, la Ciudad nos dotó de aventuras inolvidables y de grandes experiencias que hasta la fecha recuerdo con apego. Hoy que me encuentro en la etapa adulta, de vez en cuando suelo repetir algunas de esas niñerías con el propósito de jamás olvidar de ese travieso vago cuyas únicas preocupaciones eran la música y estar todo el día en la calle.
Lo peculiar de esta gran Ciudad de Los Palacios y las obras públicas es que nunca hay escases de asombro, ni tiempo para analizarlo demasiado. Es como aquel cajón de la infancia, el cual por más que lo esculcabas, nunca dejaba de salir un artilugio idóneo para el entretenimiento. Pero así como en la ciudad, el tiempo siempre era contado, ya que en cualquier momento se aparecía la abuela para hacerte ver tu surte por andar de metiche esculcando en donde no debías.
A lo largo de la mancha urbana encuentras momentos insólitos, divertidos y a veces, desafortunadamente violentos, pero el cúmulo de situaciones la hace exaltante, porque creo que aunque las malas noticias están a la orden del día, nuestra cara alegre tendría que ser prioridad. La diferencia entre los tiempos añejos y la actualidad no sólo vendrían siendo las canas, sino la capacidad de sorprenderse, y es que hoy en día hay gente que es más fanática de la amargura que de las circunstancias, por lo que si no contrarrestamos las desventuras diarias que nos regala la Gran Capital, un mal día de estos nos puede dar algo por un entripado mal encaminado.
En el Distrito Federal hasta el más conocedor de sus rincones de vez en cuando se queda boquiabierto, y en la esquina que menos se imagina, y es que la mancha urbana es tan grande, y somos ya tantos los chilangos y paracaidistas, que cómo no habría de ser. Cuando manejas por la ciudad es normal que te desespere el tráfico o los percances viales, te llegas a sobresaltar debido a los conductores imprudentes y te logra sacar de quicio todo aquello que entorpezca las vías de comunicación, pero es entonces cuando se debe de recurrir a la memoria y a la imaginación. Ahora que tengo que visitar el Norte de la Ciudad significa que estaré fuera por varias horas mientras recibo los embates de las calles, pero también significa que está por iniciarse una nueva aventura o alguna nueva estupidez de mi parte que provoque el desperdiciar más de medio día en remediarla.
Ya en compañía de la música que me ofrece la radio y con mi café matutino como copiloto me encuentro en la diminuta disyuntiva de decidir cuál será la mejor ruta para mi próximo destino, pero sé que el tránsito vehicular excesivo me hará descubrir una nueva para recordar. Son exactamente las 11:03 A.M., lo que significa que tengo cincuenta y siete minutos para llegar puntual a mi cita y un poco más de dos horas para deliberar en dónde habré de almorzar. El sol se encuentra casi en su esplendor y el fandango citadino comienza oportunamente para musicalizar mis malditas ganas de manejar, pero rindiendo un homenaje a la entereza, piso el embrague con decisión y me hago a la idea de pasar medio día discutiendo con la realidad y retando a la imaginación. Ya son diez minutos los que han transcurrido en el primer semáforo, lo que me dice que es hora de darle otro sorbo a mi café y de encontrar la fortaleza suficiente para manejar el estrés…
Alex VC
jueves, 10 de marzo de 2011
Sencillo Y Nada Oscuro ©

Después de un lustro de ausencia regresan desde La Gran Manzana “The Strokes” con una nueva propuesta lista para poner a prueba los oídos de sus seguidores y de los que no lo son tanto. Marzo del 2011 fue la fecha escogida por la agrupación para el lanzamiento en tiendas de su nueva producción discográfica que llevará por título “Angels”, y de la cual aseguran sus miembros, surge uno de sus mejores trabajos creativos desde que decidieron colaborar en conjunto. Como un adelanto de esta esperada producción, se lanzó a nivel mundial el sencillo “Under Cover of Darkness”, el cual, funge como un sugerente flashazo previo al intento de la banda por deslumbrar a los escuchas con su nuevo disco. La canción elegida de entre la decena que compone el Track List surge como una premisa, aún en el aire, de lo que será el nuevo disco, pero llega como una promesa más que apropiada de reafirmar el estatus que posee la banda estadounidense como uno de los mejores representantes del Indie Rock. A exactamente diez años de su álbum debut, y de una etapa engalanada de logros importantes, “The Strokes” regresa con algo que pareciera ser un reencuentro con su esencia, con una canción que demuestra, en menos de cuatro minutos, que una década de éxitos musicales debe de ser homenajeada con compases y acordes perfeccionados, con esos ritmos y sonidos que fueron parte fundamental de esa inclusión en la preferencia de miles de personas, y con ese sello tan característico que resalta al momento de escuchar una pieza de su vasto repertorio. “Under Cover of Darkness”, destaca a todas luces como algo propositivo para el entendimiento y agradable para el oído, como energía pura para el deleite y emanada de sonidos enérgicos pero siempre melodiosos, como una retribución para todos aquellos propios y ajenos alrededor del mundo que esperaron pacientemente su nueva realización, como algo que la calidad musical exige de cualquier intérprete de esa jerarquía. La canción tal vez no está envuelta en la excelencia ni dotada con la perfección, posiblemente no sea algo de lo que jamás se haya escuchado con anterioridad por parte de la banda, pero eso pudiera ser la parte central del logro del quinteto. Eso que se escucha tan sencillo, que en papel y horas de trabajo tal vez no lo fue tanto, hace que la canción sea del agrado del que decide accionar el “play”. La canción puede tener la complejidad que la crítica decida adjudicarle, pero realmente es bastante fácil de escuchar; a lo mejor por el desempeño de la banda, por la calidad en la ejecución, o simplemente por la preferencia hacia la agrupación, pero el deleite se hace presente en cualquiera de estos escenarios y la curiosidad por escuchar el resto del disco vendría siendo el común denominador. Al unísono comienzan las guitarras con el compás de la batería, como exigiendo la atención desde la primera nota y el diálogo de las doce cuerdas convierten la introducción en un Riff difícil de desatender. Cuando la atención está captada aparece la garganta de Julian Casablancas acoplándose con la voz al gran momento y a la intención que tiene la melodía; a partir de ese instante la canción toma los sonidos como suyos y remonta la situación a la primera vez que se escuchó a “The Strokes” e invade ese sentimiento de euforia que han ocasionado a lo largo de tantos años. La canción está llena de ritmo y de beats que invitan a moverse de la manera en que se desee, y como ya es una agradable costumbre para la agrupación, de improviso llega el momento de calma acompañado con la guitarra de fondo para después volver a la cadencia. A lo largo de la canción, los oídos no son los únicos que la pasan bien, el cuerpo y las sensaciones reciben con los brazos abiertos a las notas. La lirica refleja rebeldía y algo de desfachatez, es probablemente un desafío entre la protesta y el regocijo, pero en conjunto con la música hacen de la pieza una gran propuesta. La banda vuelve a la escena con el lanzamiento de una canción no demasiado elaborada, pero retacada de sonidos poderosos. Con esas reminiscencias de “The Clash” pero con ese sonido único de “The Strokes”. La noticia del nuevo sencillo termina con las especulaciones que alguna vez surgieron de un posible rompimiento y la expectativa por escuchar el nuevo álbum es latente. Estos grandes músicos que alguna vez se formaron en Nueva York, pero que ahora forman parte del mundo musical, regresan con una propuesta de calidad; y de la mano de Joe Chiccarelli en la producción y Gus Oberg en la consola logran un trabajo que conmemora a la aptitud y a los orígenes.
Alex VC
martes, 8 de marzo de 2011
Hoy Por Ser Día De Mi Santo ©
Los pajarillos cantan desde muy temprano y no me queda más que agradecer a todo aquel que está en mi mente y ocupando un lugar en este homenajeado corazón. Desde llegada la media noche han comenzado las felicitaciones, y por ende, las alegrías de este día, que si para mí ya es especial, ustedes lo están haciendo inolvidable.
Por un lado me siento empachado de cariño al ver las tantas, y tantas, muestras de afecto de aquellas personas que me han hecho llegar sus mensajes y de las que me han dicho en palabras las frases que adornan mi día, y por otro lado, me siento más que afortunado al ver —como cada año— las toneladas de afecto que recibo en mi cumpleaños.
Hoy que el Rey David me canta las “mañanitas”, me toman desprevenido las treinta y cuatro primaveras, y no sólo por que el tiempo ha pasado volando como las cuatro palomas por toditas las ciudades, sino porque nadie me previno de lo que significa cumplir la mitad de la expectativa de vida en México. Aunque afortunadamente no me acerco siquiera a la senectud, si caigo en consideración que me alejo cada vez más de la adolescencia y más aún de la niñez; y aunque de vez en cuando actúo como si me mantuviera en la pubertad, y hago cosas inverosímiles que solamente a un mocoso imberbe se le podrían ocurrir, en este momento el tiempo repercute en mi persona y en mi manera de pensar de maneras misteriosas, y hasta ahora, desconocidas. ¿Será esto acaso a lo que la gente normal llama madurez? ¿Si se escribe así madurez, verdad?
Hoy que dejo atrás la edad de Cristo me sigo sintiendo joven y jovial y con exaltantes ganas de seguir acumulando años y amistades. Para fortuna de varios y a lo mejor para súplica de muchos otros creo que, a pesar de tener un Peter Pan en vez de un Pepe Grillo, empiezo a sentirme en el umbral de lo que es ser una persona adulta. Sé perfectamente que debí haber experimentado esto desde hace como diez años, pero pues siempre he tenido la bendita costumbre de no ser partidario de lo convencional, y aunque no puede ser esto de ninguna manera una excusa, creo que si pudiera ser una malversada explicación.
Hoy que formo parte de los “muchachos bonitos” que cumplimos años, no creo arrepentirme de nada, pues nunca he cometido un crimen, pero si la retrasada etapa adulta va a ser la mitad de entretenida de lo que fue la prolongada inmadurez, entonces tal vez me arrepentiré de haberme tardado tanto en alcanzarla.
Hoy que supero el tercio de siglo y que he hecho de mi vida un colorido papalote, espero por lo menos vivir otro tercio más para lograr otro cúmulo de gratas experiencias que me hagan una mejor persona. Hoy por ser día de mi santo, dedico el mismo a todas aquellas personas que se reparten mi querer a su antojo y que protagonizan la mayoría de mis mejores recuerdos.
Hoy que despierto y miro atentamente que ya amaneció, disfruto y me alimento de todas esas gratas congratulaciones que llegaron desde la madrugada y que siguen llegando hasta este agradable momento.
Hoy que también se celebra “El Día Internacional de la Mujer” quisiera ser solecito para entrar por las ventanas de todas ustedes féminas preciosas que han sido parte fundamental de este mundo. Una de ustedes me regalo la vida, y por todas las demás es que vivo la misma de la manera en que lo hago.
Sirva, entonces, este maltratado texto que mal escribí entre llamadas telefónicas, bellos mensajes y besos tronados, como una carta de agradecimiento, con todo mi cariño, para mi amada parentela que es basta y encantadora como pocas y para mis adorados amigos, que como siempre lo he dicho, son afortunadamente tantos y atinadamente míos.
Alejandro Villasana Carbonell (El niño, el adolescente y el casi adulto)
lunes, 28 de febrero de 2011
Sin Andarse Por Las Ramas © (Reseña del disco “The King of Limbs” de Radiohead)

Radiohead no sólo sorprende a todos al lanzar el disco veinticuatro horas antes del momento anunciado, sino también con la manera en que pueden hacer de ellos mismos, y de sus propuesta musicales, lo que mejor les plazca, dando cada vez un mismo resultado: sobrepasar con talento lo convencional.
El disco no engalana a su discografía como el mejor trabajo, pero sin lugar a dudas, la colección de gratos sonidos, y las atmósferas musicales lo hacen un disco de calidad. Radiohead parece separarse cada vez más de esa agresividad que tal vez le propiciaba la juventud, pero ofrece una producción llena de estética, que tal vez, trajo consigo la madurez. “The King Of Limbs” es un disco para disfrutarse en la comodidad, no tanto para hacerlo en la celebración. La lírica se acerca más al desahogo, que a la melancolía, y su propuesta musical atrae de inmediato al gozo. A casi dos décadas de su primer álbum, Radiohead ofrece uno más reciente, con ese sello imborrable y tomando con firmeza el estandarte que la música alternativa hoy en día les confiere.
Alex VC
sábado, 26 de febrero de 2011
Una Especie De Magia (El Reinado De Queen) ©

El prólogo comenzó a escribirse en el año de 1968 con una idea turbulenta de un par de jóvenes que culminó como una de las mejores propuestas dentro de la colección de agrupaciones inglesas. En aquellos años existían suficientes buenos ejemplos de innovación y calidad dentro de la música, sólo bastaba con hojear las revistas de la época o escuchar el Hit Parade de cualquier radiodifusora del mundo, pero eso jamás significó que no se pudiera ofrecer una nueva propuesta musical de excelente contenido y percepción revolucionaria. La vida lo pudo confirmar en el instante en que surgió a la luz el talento de Bryan May en la guitarra, de John Deacon en el bajo, de Roger Taylor en la batería y de Farrokh Bulsara en el piano y la voz.
Lo que en un principio surgió de reuniones constantes del incomparable Brian May y el otrora miembro fundador del movimiento Tim Staffel, trajo como galardón dos décadas de laureles innegables y el fervor de miles de seguidores que reverencian al grupo a lo largo del tiempo. Los que fueran un montón de jóvenes de reconocimiento incipiente pero de talento indiscutible, y quienes iniciaran como teloneros de agrupaciones del calibre de Pink Floyd, lograron conquistar grandes regiones de la música por méritos propios y ayudaron, sin pretenderlo, a influenciar a nuevas bandas que en nuestros días gozan de renombre. “Queen” logró deslumbrar al mundo con esa especie de magia que perdura en la actualidad y cuyo resplandor no cesa con el paso del tiempo.
Para 1973 el primer capítulo estaba siendo escrito, el curso de esos primeros diez años representó la consolidación para el grupo y la madurez musical de sus integrantes. En ese tiempo la banda inglesa daría a conocer al mundo su primer disco que llevaría como título simplemente: “Queen”, el cual, significaría el inicio de una era llena de éxitos en ventas y presentaciones abarrotadas de seguidores rendidos a sus pies. Conforme pasaba el tiempo la propuesta era cada vez mejor y más desafiante, la rápida aceptación del público y la crítica fueron siempre puntos a favor del talentoso cuarteto. Cuando llegó el segundo álbum —“Queen II”— la agrupación demostró con palmas que eran más que un éxito pasajero, eran una realidad para el mundo artístico, y de la mano de éxitos instantáneos como: “Son and Daughter”, “Keep Yourself Alive”, o “Seven Seas of Rhye” su reino cada vez acaparaba más territorio. Para la primera mitad de la década, su música era reconocida como “El sonido Queen”, sus influencias que surgían del Beat, el Glam y el Hard Rock, daría como resultado una propuesta única en estilo e insuperable en género. Ya con un sonido por demás propio se edita “Sheer Heart Attack”, LP que daría la vuelta al mundo con canciones como: “Killer Queen” y “Stone Cold Crazy”, irrumpiendo en los primeros sitios de los competidos charts. La llegada del disco “A Night at the Opera” fue aceptada con reverencias desde el primer momento, el trabajo en estudio es de lo más ambicioso de los miembros de la banda, lo que significó que temas como: “Love of my Life” fueran un éxito inmediato y “ Bohemian Rapsody” se convirtiera en una de sus canciones mejor elaboradas y más representativas. Después de giras exitosas por el mundo se edita el álbum “A day at the Races”, disco enteramente producido por la banda y del cual se desprenden sencillos que acapararon las listas de popularidad como: “Somebody To Love” y “Tie Your Mother Down”. El final de esa década llegó con el disco “News Of The World” y canciones emblemáticas como: “We Will Rock You” y “We Are The Champions”, temas que siempre están presentes en los eventos deportivos y en la mente de sus seguidores. En verdad eran los campeones y la historia lo corroboró con hechos. Después llegó el controvertido “Jazz” último álbum producido en los setentas y que fuera tema de discusión para la crítica al ser considerado un tanto engreído para algunos y bastante rescatable para otros, pero que dio a conocer grandes composiciones como: “Bicycle Run” y Don´t Stop Me Now”. La década fue para el conjunto un período de prosperidad y lleno de albricias, y aunque existieron roces lógicos entre los miembros y se suscitaron rupturas importantes dentro del equipo de producción, la tendencia casi siempre se mantuvo del lado de la victoria y la mayoría de los resultados fueron excelsos. “Queen” había alcanzado una fama que perduraría por décadas venideras.
La llegada de los ochentas trajo momentos de reivindicación y de reinvención para la ya reconocida banda, el lanzamiento de “The Game”, disco que utilizó arreglos más simples y más cercanos al Pop del momento, inmediatamente los hizo regresar a los primeros puestos. Mercury cede ante los sintetizadores como una herramienta musical y el público sede a los encantos del disco como una necesidad. Éxitos como: “Another One Bites The Dust” y “Crazy Little Thing Called Love” ayudaron a que la audiencia hicieran reverencia de nuevo a “Queen” y a su legado. Después de la gran aceptación, el grupo regresa al estudio para crear lo que fue la banda sonora de la Película “Flash Gordon”. El disco, aunque de gran calidad, no fue del todo del agrado del público debido a que el material era en su mayoría instrumental, algo a lo que casi nadie estaba acostumbrado, pero hoy en día es considerado como uno de los mejores soundtracks jamás realizados. Después del lapso experimental llegan al mercado “Hot Space” con el sencillo “Under Pressure”, canción que alcanzó la popularidad en toda la orbe y en donde colaborara David Bowie con su inconfundible voz y talento, y “The Works”, este último algo criticado por incursionar demasiado en el género Pop, pero que lanzó a la fama grandes canciones como: “I Want To Break Free” y “Radio Ga-Ga”.
Para mediados de la década los integrantes regresaron al proceso creativo e incursionaron de nueva cuenta en la pantalla grande, esta vez con el disco “A Kind Of Magic”, producción que musicalizara la película “Highlander” y que fuera un éxito demoledor manteniéndose en los primeros planos por más de sesenta semanas gracias a canciones como “A Kind Of Magic” y “Who Wants To Live Forever”, tema principal del filme. Las presentaciones de esos años fueron las últimas del grupo y después de editar el disco en vivo “Live Magic” surge “The Miracle” después de dos años de ausencia en los estudios de grabación. El disco alcanza triunfos en la radio como: “I Want It All” y la que le diera el título a la producción, pero aparece en una etapa bastante difícil para la banda y sus creadores. El agotamiento y la madurez fueron los principales argumentos de los miembros para dejar de hacer largas giras, pero en realidad, la enfermedad, que con el tiempo fuera mortal, de Mercury era uno de los motivos principales para tal decisión.
Para cuando llegaron los noventas la vida dio un giro algo esperado. Cuando se pensaba que el grupo había ofrecido todo a la música “Queen” lo logra de nuevo. Transcurriendo el primer año de la década se lanza el sencillo “Innuendo” colocándose en el agrado de la crítica, y demostrándose a ellos mismos que aunque el fin pudiera estar rondando, tenían todavía mucho que ofrecer. Cuando apareció en las tiendas el disco que llevaría ese mismo nombre, las caravanas y las condecoraciones no se hicieron esperar. La producción, aunque un tanto melancólica, estaba acompañada de grandes realizaciones como: "These Are the Days of Our Lives" y la emblemática “The Show Must Go On” ofrecidas como una necesidad de la agrupación por dejarles a sus seguidores algo digno de recordar antes del temible ocaso. Por aquellas fechas la alineación original estaba por perder la voz y el mundo estaba por perder a uno de los artistas más importantes en la historia de la música. El inclemente destino decidió que lo único que podría derrocar a “Queen” de su trono sería la muerte, pero la reminiscencia se sigue negando a aceptar esa premisa.
El 23 de noviembre de 1991, Freddie Mercury deja de existir, y junto con él, una época dorada del Rock &Roll. “Queen” deja de serlo con sus integrantes originales, pero la admiración de generaciones enteras permanece intacta después de la triste disolución. La actualidad de varias corrientes que engalanan al Rock no podría concebirse sin la semilla que plantaron Mercury, May, Deacon y Taylor. La banda deja un gran legado de piezas musicales extraordinarias, con ejecuciones casi clásicas y melodías enérgicas de forma pero sublimes de contenido. La lógica jamás permitirá una reunión, pero la añoranza y la memoria lo logran a cada momento. Una de las agrupaciones inglesas más importantes del mundo afianza su reino debido a una enorme obra que se sigue reeditando a través de los años debido a la alta demanda de sus miles de admiradores y gracias al talento único de aquellos jóvenes estudiantes cuya dedicación los transformó en artistas y la vida los convirtió en leyendas de la música.
Alex VC
lunes, 14 de febrero de 2011
Tu Beso ©
La moda es lo de menos, tú vistes al atuendo; con esos ojos tan obscenos, con tu cabello recogido.
La noche es una incógnita, lo incita tu silencio…
Aparezco así, de frente a lo inevitable, con una quimera como única arma, con la luna ataviando mi emboscada.
La boca seca no está por demás, la curiosidad fortalece mis pasos, el frío impera en el aire, el calor en mis entrañas…
El tiempo tiene la razón: es temprano para serenatas, es tarde para no atreverse.
Siempre hay tiempo para todo, mucho más para adular…
El corazón hace de la suyas: late poseído por tus ojos. La respiración es delatadora, y a la razón la nubla tu presencia.
Paseas en complicidad con la media luz, con la vanidad siempre por delante, con tu perfume como armadura, como si al caminar planearas tu defensa…
Tus labios no dejan mentir, desean un beso que los aquiete…
Tu danza al caminar no deja —ni migajas— para la imaginación; como si la noche no te mereciera, como si ésta no fuera la misma sin ti en la superficie, como si el tiempo se detuviera para abrirte camino de entre los momentos; y lo hace…
Aquí está tu caminante, tu guardián antes silencioso, el que acompaña con latidos la melodía de tus tacones, ese que le encantaría irrumpir en tus sueños…
Estás por desvanecerte, estoy por atreverme. Estás por voltear, ¿estoy preparado?...
No permites a los ojos parpadear y haces del pensamiento ajeno tu siervo. No sueles permitir un verso, pero siempre los propicias…
Tu rostro me regala una mirada y tu sonrisa me inspira a proseguir, tu contoneo hace humo de mi aire, tu ritual se adueña de mí.
Ahora el momento es nuevo: escucha por fin tu voz. Mis labios no conocen tus besos, pero la imaginación vuela por doquier.
La despedida es inevitable, pero el reencuentro lo es todavía más. El destino premia los deseos y el andariego es feliz al robarte una sonrisa.
La luz presume a todas luces que provoca tu sombra y el camino se engalana con tu partida.
El momento queda para siempre como un indicio de algo fortuito, tu espalda es ahora mi paisaje, tu beso mi unicornio…
Alex VC